NO DEJES QUE EL SOL INTERRUMPA LA FELICIDAD DE TU BEBÉ

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Más del 70 por 100 del cuerpo de los niños está constituido por agua. Esto hace que los pequeños sean especialmente sensibles a la pérdida de líquidos.

Cuando se exponen por más de una hora al sol (o menos, si es muy intenso) pierden líquidos a través de la sudoración, los vasos sanguíneos se dilatan y se generan síntomas característicos como: sed intensa, sudor frío, fiebre por encima de los 37°, fatiga, malestar general, dolor de cabeza, inapetencia, y vómitos. Incluso pueden aparecer otros síntomas si la deshidratación es mayor.

Vigilar la exposición de los niños al sol, en especial los más pequeños, es fundamental para prevenir cualquiera de estos síntomas. Es recomendable no exponerlos por mucho tiempo y reponer líquidos continuamente con zumos y agua, en función a la sudoración y la sed que manifiesten.

Antes de exponerlos al sol se les debe administrar gran cantidad de líquidos y prepararlos con gorras o viseras que les proteja la cabeza. Si no se encuentran dentro del agua, deben utilizar camisas de algodón blanco muy finas, recuerda que su función es protegerlo del sol y no sofocarlo.

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Tratamientos que debes tomar en cuenta

A los primeros síntomas debemos proteger al niño en la sombra y colocarlo boca arriba.

Asegurar una buena hidratación dándole agua o zumos, lentamente.

Mojar el cuerpo con la ayuda de toallas empapadas en agua fría o templada.

Reposo absoluto para evitar una mayor pérdida de líquidos.

Prepara un zumo fresco de pepino y con la ayuda de una gasa o toalla pequeña, efectúa suaves friegas sobre las partes de la piel más sensible (cabeza, rostro, tronco, muslos y brazos).

 


Sabías que

Cuando el niño ha estado expuesto al sol tiene el pulso débil y pequeñas alteraciones de consciencia (incluso delirios) hay que acudir al servicio de urgencias de inmediato.


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